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14 de mayo de 2026

«La Condena» de Franz Kafka: una mirada desde el Derecho de Familia

Por: Natalia Rueda[1]

Docente investigadora de la Universidad Externado de Colombia

(Las opiniones expresadas en esta publicación son de la autora. No pretenden reflejar las opiniones del Observatorio o de la Universidad Externado de Colombia)


Abordar la obra de Franz Kafka desde una perspectiva jurídica exige, en primer lugar, despojar al autor de la etiqueta del “absurdo” o del mero existencialismo metafísico. Kafka no era un místico; era un Doctor en Leyes, un funcionario experto en el derecho de seguros de accidentes de trabajo y un agudo observador de las estructuras burocráticas y normativas de su tiempo.

Das Urteil (en español La Condena) es un relato escrito en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912. Esta obra ha sido leída tradicionalmente por la crítica literaria desde un punto de vista psicoanalítico, viendo en ella el reflejo de la tortuosa relación de Kafka con su padre, Hermann. Quisiera proponer una lectura sobre lo que nos dice sobre la institución familiar burguesa. Mi tesis es que la habitación del padre anciano en el relato no opera como un espacio doméstico regido por el afecto, sino como un auténtico tribunal de excepción. En este espacio, el ámbito privado del Derecho de Familia es colonizado y subvertido por un modelo de soberanía punitiva arcaica, donde el padre unifica las figuras de legislador, fiscal, juez y verdugo.

El relato comienza presentándonos a Georg Bendemann como el arquetipo del sujeto de derecho civil moderno. Georg es un comerciante joven y exitoso, ha tomado las riendas del negocio familiar, expande sus mercados y acaba de anunciar su compromiso matrimonial con Frieda Brandenfeld, una joven de familia acomodada. Georg representa el ideal de la sociedad burguesa decimonónica: autonomía privada, libertad contractual y el relevo generacional natural que el Derecho de Familia codifica para garantizar la transmisión patrimonial.

Sin embargo, el equilibrio del derecho civil en este hogar se quiebra a partir de un hito temporal explícito: la muerte de la madre de Georg, ocurrida tres años atrás. La figura materna, sin que se ofrezcan demasiados detalles, parece de mediación, una suerte de “amortiguador” normativo y afectivo que mantenía cohesionada la estructura doméstica. Tras su fallecimiento, el espacio familiar pierde su contrapeso. El padre y el hijo quedan desprotegidos frente a frente en la misma casa, y el negocio familiar —paradójicamente— empieza a prosperar de manera extraordinaria bajo el mando exclusivo de Georg.

El conflicto estalla cuando Georg cruza el umbral e ingresa a la habitación de su padre, un espacio descrito por Kafka como oscuro y lúgubre. Aquí Georg intenta aplicar sobre su padre una suerte de microfísica del poder basada en la disciplina, el cuidado médico y la institucionalización civil. Georg le dice que debe descansar, intenta desvestirlo, lo carga hacia la cama y lo cubre con las mantas. En términos del Derecho de Familia moderno, Georg intenta cumplir con el deber de asistencia hacia los ascendientes, pero implícitamente, este acto de “cuidado” esconde una voluntad de incapacitación civil. Georg pareciera querer relegar al padre al estatus de un sujeto jurídicamente inerte.

La reacción del padre es una insurrección soberana. Al erguirse sobre la cama, arrojando las cobijas, rechaza la categoría de “sujeto tutelado”. El padre interpreta el cuidado filial no como piedad, sino como un intento de despojo y parricidio civil. Aquí se suspende el orden del código civil y emerge lo que Giorgio Agamben define en Homo Sacer como el “estado de excepción”. El padre suspende los lazos de la afectividad familiar instituidos por la norma social y restituye en la alcoba el espacio del soberano absoluto, aquel cuya característica principal —según Carl Schmitt— es poseer el monopolio de la decisión sobre la excepción. El hogar deja de ser el domus protegido por el derecho civil y se convierte en el teatro de una especie de juicio penal sumarísimo.

Una vez constituido el tribunal en la alcoba, el padre inicia un interrogatorio que carece de cualquier garantía procesal. No existe aquí la presunción de inocencia, no hay derecho de defensa, ni oportunidad para la contradicción de la prueba. El proceso es estrictamente inquisitorial.

Es aquí donde el padre instrumentaliza jurídicamente el duelo por la madre muerta. Lanza contra Georg un reproche devastador, acusándolo de haber profanado y olvidado la memoria de su madre en pos de saciar su deseo con su nueva prometida. Para robustecer esta acusación de traición moral, el padre introduce un elemento fascinante desde la teoría de la prueba: la figura del “amigo en Rusia”. Durante años, Georg ha mantenido correspondencia con un amigo de la infancia que emigró a San Petersburgo, un hombre cuya empresa declina y cuya vida transcurre en el aislamiento. Georg le oculta deliberadamente sus éxitos comerciales y su compromiso amoroso para no herir su susceptibilidad.

Sin embargo, en el tribunal del padre, este amigo ausente es transformado en la prueba definitiva en su contra. El padre afirma tener un vínculo directo y epistolar secreto con este amigo: “¡Él lo sabe todo mil veces mejor!”, grita el anciano. El amigo en Rusia deja de ser una persona real para convertirse en un elemento probatorio ideado por el padre-juez; es el testigo fabricado, la encarnación del “hijo ideal” y sumiso que el padre utiliza para fundar la culpabilidad de Georg. El padre actúa con una clarividencia punitiva que recuerda a los tribunales absolutos del Antiguo Régimen, donde la convicción íntima del juzgador es superior a cualquier regla de evidencia material. Georg es declarado culpable no por violar una ley positiva escrita, sino por atentar contra la lealtad debida al soberano doméstico.

El clímax del relato es la emisión del veredicto: “¡Yo te condeno ahora a morir ahogado!” (“Ich verurteile dich jetzt zum Tode des Ertränkens!”).

Esta línea constituye el punto de ruptura definitivo con el paradigma del Derecho de Familia moderno. En los códigos civiles de la modernidad, la patria potestad (hoy parcialmente superada por la figura de la responsabilidad parental) es un conjunto de derechos y deberes orientados a la protección, educación y desarrollo del hijo menor de edad, limitados estrictamente por el Estado. Lo que el padre de Kafka resucita en este veredicto es la figura jurídica más radical del Derecho Romano arcaico: la vitae necisque potestas, el poder de vida y muerte que el pater familias podía ejercer originariamente sobre sus hijos, considerados de su propiedad, aunque cabe aclarar que la doctrina romanista ya ha mostrado que, pese a la idea generalizada en relación con el “poder absoluto” del padre, en realidad el vitae necisque potestas no se ejercía de manera tan extendida como podría pensarse.

Desde el Derecho, el misterio central del texto no es la crueldad del padre, sino la sumisión del hijo. ¿Por qué Georg no apela? ¿Por qué no sale de la habitación, cierra la puerta y llama a la policía, o apela a la justicia del Estado o simplemente huye con su prometida? El texto nos dice que Georg se siente “empujado” fuera de la habitación. Corre hacia el puente, se aferra a la barandilla  y, declarando su amor eterno a sus padres —reivindicando tardíamente el vínculo con la madre y el padre—, se deja caer al río.

Para explicar esta sumisión, podría pensarse en la tesis de la internalización de la norma de Immanuel Kant y en la genealogía de la culpa que Friedrich Nietzsche expone en La genealogía de la moral. Georg está tan profundamente codificado por la ley de la obediencia filial que carece de una subjetividad jurídica independiente fuera del deseo de su padre. La condena no necesita de la fuerza física de un alguacil para ser ejecutada porque el reo ha internalizado la sentencia. El mandato del soberano, la palabra del padre crea la realidad de la muerte. Georg se convierte en su propio verdugo porque, en el universo kafkiano, la culpa no es el resultado de haber violado una norma, sino que la existencia misma del sujeto frente a la autoridad ya constituye la culpa originaria.

La Condena de Franz Kafka nos ofrece, entonces, una lección fundamental para el análisis contemporáneo de las relaciones de familia.

En primer lugar, la obra desmonta la ilusión de que el espacio privado de la familia es un refugio intrínsecamente pacífico e inmune a las dinámicas de la violencia soberana. Cuando el Derecho de Familia se despoja de sus límites democráticos, de los principios de igualdad y de los derechos fundamentales de los hijos, o cuando colapsan las figuras de mediación, lo que emerge bajo la alfombra no es la armonía natural del hogar, sino el fantasma del soberano arcaico que reclama el derecho sobre los cuerpos.

En segundo lugar, el relato demuestra cómo los lazos de sangre y el parentesco pueden ser instrumentalizados como dispositivos de control y de supresión de la alteridad. La corriente de Derecho y Literatura podría encontrar en este cuento algo más que una metáfora: una advertencia metodológica. La literatura jurídica de Kafka nos obliga a mirar los sótanos del Derecho, allí donde las sentencias no se dictan en solemnes palacios de justicia, sino en la penumbra de las alcobas cotidianas, bajo el peso silencioso de una autoridad que no rinde cuentas a nadie.

Al final del relato, mientras Georg se ahoga, Kafka cierra la narración con la frase célebre: “En ese momento, el tráfico en el puente era verdaderamente interminable”. La vida civil, el comercio y los contratos de la ciudad continúan su curso imperturbable, indiferentes a la tragedia. El derecho positivo sigue operando en las calles, mientras que en la intimidad de las casas, los viejos soberanos domésticos siguen dictando sentencias inapelables.

Referencias

  1. Agamben, Giorgio. Homo Sacer: El poder soberano y la vida nuda. Pre-Textos, 1998.
  2. Calvo González, José. La justicia como relato: Arte visual y cultura jurídica. Editorial Comares, 2002.
  3. Foucault, Michel. Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores, 1975.
  4. Kafka, Franz. La condena / Das Urteil (1912).
  5. Rueda, Natalia. Hacia una relectura de la patria potestas romana y su incidencia en la moderna responsabilidad parental: algunas reflexiones a partir del ejemplo de la península itálica. Universidad Externado de Colombia, 2023. Disponible en: https://bdigital.uexternado.edu.co/handle/001/15050
  6. Schmitt, Carl. Teología política. Alianza Editorial, 2009.

[1] Este texto corresponde a la ponencia presentada en el I Congreso Internacional de Derecho, Literatura y Cinematografía, organizado por GIDECO (Grupo Interdisciplinar de Derecho y Cultura Clásica), la Revista General de Derecho, Literatura y Cinematografía (IUSTEL) y la Universidad de Valencia. Facultad de Derecho. Área de Derecho Romano, el 14 de mayo de 2026.

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